https://doi.org/10.61286/e-rms.v4i.345

Artículo Original

Estilos de crianza como factores asociados al desarrollo de conductas violentas

Parenting styles as factors associated with the development of violent behaviors

 

Blanca, Villegas Flores  Sobres de correo, sobres de correo, sobre png | PNGEgg; Elka Aloisha, Reaño Robles ; Jack Anthony, Parián Sumari

Universidad César Vallejo, Lima Norte, Perú.

Resumen

Las crianzas ejercidas por los padres constituyen los pilares de la sociedad porque dependiendo del tipo de crianza este determinará al ciudadano del futuro a través de normas, valores y patrones de comportamiento, ante este contexto la investigación tiene como objetivo analizar los estilos de crianza como factores asociados al desarrollo de conductas violentas desde una revisión sistemática. La metodología seguida es una investigación documental con enfoque cualitativo, implementando los parámetros metodológicos de una revisión sistemática. Como resultado se encontró que los estilos autoritarios, negligentes y hostiles se asocian significativamente a un mayor riesgo de conductas violentas, agresión y desregulación emocional en niños y adolescentes. Por el contrario, los estilos democráticos e indulgentes (alto afecto y comunicación) actúan como factores protectores. Entre las conclusiones existe evidencia sólida de que los estilos de crianza son factores críticos asociados al desarrollo de conductas violentas aquí la influencia del contexto cultural es innegable y debe considerarse para el diseño de intervenciones efectivas. Se concluye que promover prácticas parentales basadas en el afecto, la comunicación y la supervisión responsable, mientras se reduce el uso de coerción y negligencia, es fundamental para la prevención de la violencia.

Palabras clave: estilos, crianza, violencia, conductas, autoritarios.

Abstract

Parenting practices form the foundation of society because the type of parenting determines the future citizen through norms, values, and behavioral patterns.  Given this context, this research aims to analyze parenting styles as factors associated with the development of violent behaviors through a systematic review. The methodology employed is a documentary research approach with a qualitative focus, implementing the methodological parameters of a systematic review. The results show that authoritarian, neglectful, and hostile parenting styles are significantly associated with a higher risk of violent behaviors, aggression, and emotional dysregulation in children and adolescents. Conversely, democratic and indulgent styles (high affection and communication) act as protective factors. Among the conclusions, there is strong evidence that parenting styles are critical factors associated with the development of violent behaviors; the influence of the cultural context is undeniable and must be considered in the design of effective interventions. It is concluded that promoting parenting practices based on affection, communication, and responsible supervision, while reducing the use of coercion and neglect, is fundamental for the prevention of violence.

 

Keywords: parenting styles, parenting, violence, behaviors, authoritarian..

Recibido/Received

02-12-2025

Aprobado/Approved

13-02-2026

Publicado/Published

16-02-2026

 

 

Introducción

 

 

     En los últimos años, los enfoques de crianza hacia los adolescentes han sufrido transformaciones significativas, impulsadas por múltiples factores sociales, culturales y la influencia de los medios en el ámbito familiar. En la actualidad, se puede notar una variedad de tradiciones culturales en los hogares, valores familiares, cambios sociales y el impacto de la tecnología, todos ellos dejando una huella importante en cómo los padres educan a sus hijos. Estos cambios no solo afectan a las generaciones presentes, sino que también tendrán repercusiones en el comportamiento de los adolescentes y en el futuro de las próximas generaciones. En virtud que la interacción de los padres con sus hijos, su estilo de crianza y el entorno familiar en general según (Zhang et al., 2026) ejercen una influencia significativa sobre el desarrollo psicológico, emocional y social de los niños, ya que operan como un sistema dinámico que moldea comportamientos y competencias desde la infancia. En consecuencia, es importante indagar el pasado familiar de los sujetos adultos violentos para entender su conducta.

    Cabe señalar que los estilos de crianza varían en la forma en que los progenitores se relacionan con sus hijos. Los padres autoritativos son racionales y exigentes, estableciendo reglas claras, pero manteniendo relaciones afectuosas y asertivas, escuchando a sus hijos. En contraste, los padres autoritarios imponen control estricto, sin mostrar afecto, y utilizan la fuerza física y la exigencia para dirigir a sus hijos. Los padres permisivos, por su parte, son afectuosos, pero no imponen reglas estrictas, prefiriendo la persuasión y evitando el conflicto. Finalmente, los padres negligentes no establecen límites ni muestran interés en su rol parental, careciendo de afecto. Los estilos de crianza no son homogéneos y varían entre países y regiones, como se observa en España, donde predominan enfoques autoritativos o autoritarios, y en Perú, donde se observan estilos permisivos o negligentes (García et al., 2020, Zegarra et al., 2019).

     La familia como entidad social esencial en la formación de las sociedades humanas, y sus dinámicas de interacción están moldeadas por las relaciones con su entorno. Según (Berger & Luckmann, 2003), la socialización primaria tiene lugar en el ámbito familiar, estableciendo un marco que afecta a otras instituciones como el contexto cultural, la esfera política, el ámbito educativo y la formación de nuevas familias. Sin embargo, esta perspectiva social podría no considerar algunas funciones esenciales de la familia. En este contexto, (Santana et al., 2018), concluyen que los adolescentes que crecen en contextos de riesgo enfrentan mayores dificultades para adaptarse a la sociedad, lo que incrementa su riesgo de desarrollar conductas desadaptativas. Ante la complejidad que enfrentan los padres en la crianza de los hijos este estudio tiene como objetivo analizar los estilos de crianza como factores asociados al desarrollo de conductas violentas desde una revisión sistemática.

     Respecto a los estilos de crianza, Robinson et al. (1995) señalan que el término fue acuñado originalmente por Baumrind (1971) para identificar tendencias en las prácticas de cuidado. Estas se dividen principalmente en tres tipos: autoritativo (frecuentemente denominado democrático), autoritario y permisivo. Desde una perspectiva epistémica, el 'estilo' refiere a tendencias conductuales identificables mediante autorreporte, las cuales permiten inferir los procesos cognitivos subyacentes a los fenómenos psicológicos (Kozhevnikov, 2007). Entre estos, el estilo negativo, caracterizado por una disciplina rígida y conductas punitivas, favorece la aparición de comportamientos agresivos en la infancia temprana (Berthelon et al., 2020). Asimismo, el predominio de interacciones negativas entre padres e hijos contribuye al desarrollo de actitudes antisociales y dificultades en las habilidades sociales (Rademacher et al., 2023).

     En base a esta realidad, en los últimos años, la violencia ha surgido como uno de los problemas más importantes y comunes entre los adolescentes, y esta conducta frecuentemente tiene su origen en un entorno familiar conflictivo, aunque también puede verse influenciada por los medios de comunicación, el contexto social y otros factores (Meza y Candela, 2023). Al respecto de igual manera según Saucedo (2023), los estilos de crianza autoritario y negligente están relacionados con un aumento en la agresión. En contraste, la crianza permisiva-indulgente y autoritativa se asocia con un nivel intermedio de inteligencia emocional. Por otro lado, para (Antón et al., 2016), los comportamientos parentales (permisivos, agresivos y sobreprotectores) señalados también en (Rivas, 2022), pueden tener efectos tanto positivos como negativos en el desarrollo integral de los niños.

     Sin embargo, si las agresiones pasan de lo verbal a lo físico según el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (en inglés, United Nations Children's Fund) (UNICEF) (2020), los niños y adolescentes que sufren agresiones físicas por parte de sus padres experimentan altos niveles de ansiedad y angustia emocional, sintiéndose impotentes ante la violencia que enfrentan. A estos se le suma de acuerdo a (Kingsbury et al., 2019) pensamientos suicidas en adolescentes, lo cual resalta el impacto negativo de un ambiente familiar violento en la salud mental de los jóvenes. Ante esta situación, para adaptarse los niños, niñas y jóvenes, desarrollan mecanismos de respuesta como la obediencia extrema y conductas violentas. Este efecto no solo se limita al entorno familiar, sino que también afecta sus interacciones en escuelas y comunidades, llevando a que internalicen la violencia como una forma de solucionar disputas.

     En tal sentido, una mala técnica de crianza puede contribuir a diversos problemas psicológicos en niños mayores (Makwana et al., 2023). La habilidad de los padres para regular sus emociones y su nivel de optimismo es clave para adoptar un estilo de crianza equilibrado. Proporcionar formación a los padres en estas áreas puede facilitar la identificación de las prácticas de crianza más adecuadas, promoviendo así una relación más fluida entre padres e hijos (Șițoiu y Pânișoară, 2022). Ante el contexto descrito cabe preguntar ¿De qué manera los estilos de crianza se relacionan con el desarrollo de conductas violentas, según los hallazgos de estudios analizados en una revisión sistemática? Y dado que la familia es el núcleo de la sociedad, se seleccionó específicamente este estudio porque se quiere ver la relación entre los estilos de crianza y las conductas violentas recurrentes en espacios, intrafamiliar, social y escolares.

 

 

Materiales y métodos

 

 

La metodología seguida es una investigación con enfoque cualitativo dentro del tipo de investigación documental centrada en los parámetros establecido por la revisión sistemática, donde se ejecutaron los protocolos PRISMA para seleccionar la muestra de la población perteneciente al estudio. Ahora bien, la revisión sistemática se caracteriza por tener y describir el proceso de elaboración transparente y comprensible para recolectar, seleccionar, evaluar críticamente y resumir toda la evidencia disponible con respecto a la efectividad de un tratamiento, diagnóstico, pronóstico. Mientras que los protocolos PRISMA por siglas en inglés (Preferred Reporting Items for Systematic reviews and Meta-Analyses), publicada en 2009, de acuerdo a (Page et.al, 2021, p.1 )“es un método diseñado para ayudar a los autores de revisiones sistemáticas a documentar de manera transparente el porqué de la revisión, qué hicieron los autores y qué encontraron”, siguiendo este planteamiento los procesos a desarrollar se estructuraron en las siguientes fases:

 

Fase 1: Identificación

    En esta fase se realizó la búsqueda inicial de la literatura científica en bases de datos reconocidas, específicamente Scopus, Web of Science (WoS) y SciELO. Como resultado de esta búsqueda, se identificaron 1750 registros potencialmente relevantes relacionados con los estilos de crianza y su asociación con el desarrollo de conductas violentas. Esta etapa tuvo como objetivo garantizar una cobertura amplia y exhaustiva de la producción científica disponible sobre la temática.

 

Fase 2: Cribado

     Posteriormente, los registros identificados fueron sometidos a un proceso de cribado, en el cual se aplicaron criterios de inclusión y exclusión previamente definidos. Como resultado de este proceso, se obtuvieron 150 artículos, mientras que 175 registros fueron excluidos por no cumplir con los criterios establecidos (por ejemplo, no abordar directamente la temática, no corresponder al rango temporal definido o no tratarse de estudios empíricos).

 

Fase 3: Elegibilidad

     En la fase de elegibilidad, los 150 artículos preseleccionados fueron evaluados de manera más detallada, considerando aspectos como la pertinencia temática, la calidad metodológica y la relación directa con los objetivos de la investigación. Tras esta evaluación, 55 artículos fueron considerados elegibles para un análisis más profundo. En esta etapa se excluyeron 13 estudios duplicados y 21 artículos que no se ajustaban específicamente al enfoque de los estilos de crianza y las conductas violentas.

 

Fase 4: Inclusión

     Finalmente, en la fase de inclusión, se seleccionaron los estudios que cumplían plenamente con todos los criterios metodológicos y temáticos. Como resultado, 30 artículos fueron incluidos en la revisión sistemática. Por el contrario, 25 artículos fueron excluidos debido a que no proporcionaban información suficiente o relevante para el análisis de la relación entre los estilos de crianza y el desarrollo de conductas violentas.

 

 

Resultados

 

 

Figura 1. Diagrama de flujo siguiendo los protocolos prisma

 

Análisis de los resultados

La estrategia integra el análisis de clústeres y mapas de calor para sistematizar la evidencia científica, permitiendo agrupar las fuentes por afinidad temática y detectar frentes de investigación emergentes. Mediante la segmentación por conglomerados y la visualización de densidad cromática, se identifican con precisión tanto las áreas de alta saturación teórica como los vacíos de conocimiento o "zonas frías" en la relación entre estilos parentales y desajuste adolescente, otorgando al estudio un rigor cienciométrico alineado con los estándares de indexación de alto impacto.

 

 

Resultados

 

 

Estructura intelectual de la producción científica (clustering)

El análisis de la muestra seleccionada permitió identificar una estructura intelectual dividida en tres núcleos temáticos claramente diferenciados. Mediante la técnica de clustering, se segmentaron las fuentes según su similitud semántica y la relación de citación, estableciendo una evolución que transita desde las bases teóricas hasta las variables de mediación contemporáneas (Tabla 1).

 

Tabla 1. Segmentación por Clústeres de la Producción Científica

Clúster

Denominación temática

Fuentes representativas

Enfoque de análisis

A

Bases Teóricas y Psicopatología

Baumrind (1971); Antón-San Martín et al. (2016)

Define los constructos clásicos de autoridad y su relación con sintomatología clínica.

B

Conducta Agresiva y Desajuste

Pérez-Gramaje et al. (2019); Rademacher et al. (2023)

Analiza la correlación directa entre estilos autoritarios y externalización de conductas.

C

Nuevas Tendencias y Mediación

Zhang et al. (2026); Șițoiu y Pânișoară (2022)

Explora variables mediadoras (regulación emocional) y contextos culturales.

 

Análisis de co-ocurrencia y conceptos clave

El análisis de co-ocurrencia de términos permitió mapear los conceptos con mayor fuerza de vínculo en la literatura (Tabla 2). Se detectó una asociación crítica entre el "Estilo Autoritario" y variables de "Desajuste Conductual", mientras que las investigaciones más recientes (2021-2026) muestran una tendencia emergente hacia la "Regulación Emocional" y la "Función Ejecutiva" como nodos conectores.

 

Tabla 2. Análisis de co-ocurrencia de términos (nodos críticos)

Nodo Principal

Términos Co-ocurrentes

Fuerza de Vínculo

Tendencia de Evidencia

Estilo Autoritario

Agresión, Ciberacoso, Desregulación

Muy Alta

Asociación positiva persistente.

Estilo Democrático

Responsabilidad, Ajuste, Apoyo

Alta

Factor protector predominante.

Mediación Cognitiva

Función ejecutiva, Inteligencia emocional

Media-Emergente

Foco de estudios recientes (2024-2026).

 

Variabilidad contextual del estilo autoritario

Finalmente, el análisis cualitativo reveló que el impacto del estilo autoritario no es uniforme, variando significativamente según el ecosistema social y cultural de la muestra. La Tabla 3 sintetiza estas divergencias, contrastando la visión tradicional con hallazgos emergentes en contextos no occidentales o de alta violencia.

 

Tabla 3. Matriz de contrastes: Variabilidad del estilo autoritario según el contexto

Dimensión de Contraste

Hallazgo Tradicional (Occidental)

Hallazgo Emergente (Contextual)

Fuente Clave

Ajuste Psicológico

Predice ansiedad y baja autoestima.

Predice mejor salud mental y ajuste.

Makwana et al. (2023)

Regulación Conductual

Incrementa la agresión y descontrol.

Favorece la autorregulación en riesgos.

Cook (2022)

Gestión Parental

Genera estrés y pesimismo parental.

Predice mayor optimismo parental.

Șițoiu & Pânișoară (2022)

Mitigación del Acoso

Actúa como factor de riesgo.

Mitiga el impacto del castigo físico.

Liu et al. (2022)

 

 

Discusión

 

 

Elucidar la complejidad de las dinámicas familiares y su impacto en la ontogenia de la conducta adolescente. Los hallazgos confirman de manera robusta que los estilos de crianza no operan como variables aisladas, sino como sistemas de socialización que moldean la arquitectura emocional del menor. En consecuencia, el análisis de la evidencia recolectada sugiere una transición necesaria desde modelos explicativos estáticos hacia enfoques de validez ecológica y culturalmente situados.

En primer lugar, la convergencia de estudios en diversas latitudes ratifica el impacto deletéreo de la crianza autoritaria y coercitiva. Investigaciones en contextos tan dispares como Perú, Irán y Alemania demuestran que la alta exigencia vinculada al bajo afecto predice la externalización de conductas agresivas (Meza & Candela, 2021; Najjari et al., 2023; Rademacher et al., 2023). Este fenómeno se explica por la desregulación emocional que genera el control punitivo, limitando la capacidad del adolescente para procesar conflictos de forma asertiva. Por consiguiente, el uso de la fuerza y la imposición unidireccional se consolidan como precursores directos de la violencia escolar y el ciberacoso.

Asimismo, la evidencia subraya que la negligencia y la hostilidad parental constituyen factores de riesgo críticos para el desarrollo de la "tríada oscura" de la personalidad. Estudios recientes vinculan la ausencia de supervisión y el rechazo emocional con una menor inteligencia emocional y un incremento en la victimización (Saucedo, 2023; Yendell et al., 2022). La carencia de un referente afectivo estable impide que el joven desarrolle mecanismos de autoprotección, dejándolo vulnerable ante dinámicas de bullying. Por lo tanto, el abandono emocional es, en sí mismo, una forma de violencia silenciosa con repercusiones conductuales profundas.

Por el contrario, el estilo democrático o autoritativo se posiciona como el factor protector de mayor consistencia en la muestra analizada. La combinación de límites claros con una alta responsividad emocional fomenta la responsabilidad y el ajuste socioemocional (Rivas, 2023; Wang & Fei, 2024). Estos modelos de interacción proporcionan al adolescente un entorno seguro para ensayar habilidades de negociación y empatía. En este sentido, la calidez parental actúa como un amortiguador ante las presiones externas, reduciendo significativamente la probabilidad de incurrir en tendencias antisociales (García et al., 2021).

Un hallazgo disruptivo de esta revisión es la variabilidad funcional del estilo autoritario según el entorno cultural y social. Mientras que en sociedades occidentales el control estricto suele asociarse a desajustes, en comunidades de India, China e Israel se vincula con un mejor ajuste socioemocional (Makwana et al., 2023; Agbaria & Mahamid, 2023). Estos datos sugieren que, en culturas colectivistas, la autoridad se interpreta como una manifestación de compromiso y cuidado parental. De este modo, la percepción subjetiva del hijo sobre la intención del padre altera drásticamente el impacto psicológico del estilo de crianza.

Esta paradoja se extiende a contextos de extrema vulnerabilidad y violencia comunitaria, como se observa en los hallazgos de Sudáfrica. En entornos donde la integridad física está en riesgo constante, la crianza coercitiva puede favorecer la autorregulación necesaria para la supervivencia (Cook, 2022). Este fenómeno, denominado coerción adaptativa, plantea un desafío ético y teórico a las intervenciones universales que proscriben toda forma de severidad. Sin embargo, es imperativo distinguir entre la disciplina protectora y el maltrato físico injustificado que perpetúa ciclos de trauma.

La transmisión intergeneracional del patrón violento surge como un eje transversal de preocupación en la literatura contemporánea. Los estudios indican que las experiencias adversas y los traumas de guerra en los padres degradan la calidad de la crianza actual (Herbage et al., 2024; Shengyu, 2023). La "dura crianza" recibida en la niñez suele replicarse hacia los hijos, consolidando una herencia de maltrato difícil de romper sin intervención externa (Morgan et al., 2022). Por ello, el apoyo a la salud mental parental es una estrategia indispensable para interrumpir la cadena de violencia generacional.

Además, los conflictos maritales y la disfuncionalidad familiar actúan como catalizadores de la agresión filio-parental. La evidencia en Irán y Colombia muestra que la violencia recibida por la madre predice comportamientos similares de los hijos hacia ella en la adultez (Abbaspur et al., 2022; Camargo, 2023). Este fenómeno refleja un aprendizaje vicario donde la agresión se normaliza como método de resolución de tensiones domésticas. En consecuencia, la intervención en adolescentes requiere, obligatoriamente, un abordaje sistémico que incluya la reestructuración del vínculo entre los cuidadores.

Un aspecto emergente de gran relevancia es el papel de los mediadores cognitivos y biológicos en la relación crianza-conducta. La función ejecutiva y la regulación emocional han sido identificadas como los mecanismos a través de los cuales el autoritarismo impacta la conducta externa (Linlin et al., 2024). Esto implica que la crianza estricta no causa agresión de forma directa, sino que interfiere en el desarrollo de la corteza prefrontal. Por ende, los programas de prevención deberían integrar el entrenamiento en habilidades cognitivas tanto para padres como para hijos.

La gestión emocional de los propios padres se revela como la piedra angular de una crianza efectiva. Estudios en Turquía indican que los padres socializan las emociones de sus hijos principalmente a través de su propio modelamiento y autogestión (Yazar & Tuzgöl, 2024). Cuando el cuidador carece de herramientas para regular su frustración, recurre con mayor frecuencia a estilos hostiles o negligentes. Por tanto, el fortalecimiento del optimismo y la autoeficacia parental se traduce en un entorno doméstico más resiliente y menos propenso a la violencia.

Finalmente, es necesario reflexionar sobre las implicaciones de los estilos permisivos e indulgentes en la sociedad actual. Aunque el afecto es protector, la ausencia absoluta de límites o el estilo "gato-padre" pueden generar dificultades en la adaptación a normas sociales (Wang & Fei, 2024). El reto contemporáneo reside en alcanzar el equilibrio entre la autonomía que demanda el adolescente y la supervisión que requiere para navegar riesgos como el ciberacoso. El apoyo emocional debe ir acompañado de un monitoreo activo que no sea percibido como una invasión a la privacidad.

 

 

Consideraciones finales

 

 

Se pone de manifiesto que no existe un "estilo universal" exento de matices contextuales. Si bien el modelo democrático o autoritativo se erige como el más beneficioso en términos generales por su equilibrio entre afecto y control, la eficacia de las prácticas parentales está estrictamente supeditada a su adecuación cultural y situacional. Los datos analizados revelan que dimensiones como la jerarquía en sociedades colectivistas o la severidad en entornos de alta peligrosidad comunitaria pueden reconfigurar el impacto de la crianza en el desarrollo adolescente. Por tanto, es imperativo que las políticas de intervención familiar abandonen las fórmulas estandarizadas para adoptar enfoques con validez ecológica, capaces de reconocer las necesidades específicas de cada ecosistema social.

Asimismo, la investigación futura debe priorizar el desarrollo de estudios longitudinales que evalúen cómo estas dinámicas evolucionan ante la digitalización acelerada de la vida social y el surgimiento de nuevas formas de interacción mediada por la tecnología. Resulta fundamental explorar el rol de los mediadores cognitivos y la salud mental parental como ejes transversales para interrumpir la transmisión intergeneracional de la violencia y el trauma. Solo mediante una comprensión integral, multidisciplinaria y situada de la crianza, será posible construir sociedades donde el bienestar juvenil deje de ser una aspiración aislada para convertirse en una prioridad estructural. De este modo, se garantiza un entorno donde las nuevas generaciones logren prosperar tanto en su dimensión individual como en su integración ciudadana sostenible.

 

Agradecimientos

A la Universidad César Vallejo.

 

Conflictos de intereses

No se reportan conflictos de intereses. 

 

Referencias

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