https://doi.org/10.61286/e-rms.v4i.367

Ensayo

De la tradición a la gestión: El legado de Mariano Picón Salas en el diseño de las políticas públicas culturales venezolanas

From tradition to management: The legacy of Mariano Picón Salas in the design of venezuelan cultural public policiesn

 

Ruth Dayana, Muñoz-Schettino  Sobres de correo, sobres de correo, sobre png | PNGEgg

Universidad de Carabobo. Facultad de Ciencias de la Salud. Valencia, Venezuela.

Resumen

Este ensayo aborda el problema de la fragilidad de las políticas culturales en Venezuela frente a los desafíos de la globalización y la reciente radicalización ideológica. Se examina cómo el país ha experimentado un quiebre en su institucionalidad democrática, transitando de un proyecto de modernidad humanista hacia una hegemonía que limita la pluralidad y genera una "contracción epistemológica" en los centros de saber. El núcleo del conflicto reside en la tensión entre la estandarización cultural impuesta por los flujos globales y el uso de la cultura como herramienta de adoctrinamiento estatal, lo que debilita la soberanía simbólica y la autonomía ciudadana. El enfoque del estudio es cualitativo-documental y se fundamenta en la exégesis del pensamiento de Mariano Picón Salas, analizado bajo el paradigma de la democracia participativa. A través de una revisión histórica que parte de 1936, se explora la construcción del "humanismo democrático" y la creación de una arquitectura institucional diseñada para elevar el nivel educativo y fomentar la tolerancia. Las conclusiones subrayan la urgencia de rehabilitar una gobernanza cultural basada en la interculturalidad y el respeto a la alteridad. Se reafirma que el legado de Picón Salas ofrece una hoja de ruta vigente para equilibrar la tradición con la modernidad. Finalmente, el texto sostiene que el fortalecimiento de la sociedad civil depende de una síntesis cultural dinámica donde la educación y la autonomía del pensamiento sean los pilares para reconstruir el tejido social en un mundo polarizado.

Palabras clave: políticas culturales, modernidad, globalización, identidad nacional, gestión pública, americanismo crítico.

Abstract

This essay addresses the issue of the fragility of cultural policies in Venezuela in the face of the challenges of globalization and recent ideological radicalization. It examines how the country has experienced a breakdown in its democratic institutionalism, transitioning from a project of humanist modernity toward a hegemony that restricts plurality and generates an "epistemological contraction" within centers of knowledge. The core of the conflict lies in the tension between the cultural standardization imposed by global flows and the instrumentalization of culture as a tool for state indoctrination, which undermines symbolic sovereignty and citizen autonomy. The study adopts a qualitative-documentary approach, grounded in the exegesis of Mariano Picón Salas's thought, analyzed under the paradigm of participatory democracy. Through a historical review beginning in 1936, the research explores the construction of "democratic humanism" and the creation of an institutional architecture designed to enhance educational standards and foster tolerance. The conclusions underscore the urgency of rehabilitating cultural governance based on interculturality and respect for alterity. It reaffirms that Picón Salas's legacy offers a viable roadmap for balancing tradition with modernity. Finally, the text maintains that the strengthening of civil society depends on a dynamic cultural synthesis where education and intellectual autonomy serve as the pillars for reconstructing the social fabric in a polarized world.

Keywords: cultural policies, modernity, globalization, national identity, public management,.

Recibido/Received

14-12-2025

Aprobado/Approved

18-03-2026

Publicado/Published

19-03-2026

 

 

Introducción

 

 

En las últimas décadas, la República Bolivariana de Venezuela ha transitado por reconfiguraciones profundas en sus políticas públicas culturales, lo cual, se instituye en la Carta Magna de 1999 (Gaceta Oficial de la República Bolivariana de Venezuela, 36.860, 30 de diciembre de 1999). Este fenómeno se manifiesta mediante una tensión dialéctica entre el intervencionismo estatal, las iniciativas de base comunitaria y las dinámicas de un mercado globalizado. En este escenario, resulta imperativo examinar el diseño institucional a la luz del legado intelectual de Mariano Picón Salas. Su estatura intelectual se erige como un eje gravitacional en la transición hacia un paradigma de modernidad y humanismo crítico en el ecosistema simbólico nacional (Zapata Silva & Allende Contador, 2026). Por consiguiente, el presente ensayo se propone desentrañar esta evolución institucional en el marco de la contemporaneidad venezolana.

El análisis se sustenta en la premisa de que Picón Salas no fue solo un ensayista, sino un arquitecto de la institucionalidad cultural. Su producción temprana y su gestión diplomática prefiguraron los axiomas de una identidad nacional en diálogo permanente con lo universal (Allende Contador, 2025). Al examinar sus obras fundamentales como Odisea de Tierra Firme (1933), se advierte una preocupación persistente por la hibridación como motor de progreso. En este sentido, la investigación vincula su pensamiento con las mutaciones legislativas ocurridas entre 1936 y 2024. Así, se busca comprender cómo sus propuestas resuenan en los actuales desafíos de gobernanza y pluralidad cultural (Cárdenas & Enrique, 2017).

Para dotar de rigor este estudio, es preciso conceptualizar la "política" como la gestión ética de los recursos del Estado. Etimológicamente derivada de la polis y el ethos, la política trasciende la administración técnica para constituirse en la organización fundamental de la convivencia humana. En el ámbito cultural, esta acción social se materializa en la salvaguarda del patrimonio y la regulación de los flujos simbólicos nacionales. No obstante, en escenarios de fragilidad institucional, la política cultural suele verse supeditada a objetivos ideológicos que tensionan el bienestar colectivo (Rovero, 2014). El análisis exige, por tanto, una hermenéutica sobre la administración de los sentidos que otorgan cohesión a la nación.

 

 

Dimensión de la globalización y su impacto en la construcción social

 

 

La globalización se constituye como un fenómeno multidimensional que trasciende la mera integración de mercados, abarcando las esferas económica, sociocultural, política y tecnológica a escala planetaria. Esta dinámica configura estructuras inéditas de intercambio y de vinculación con el entorno que alteran sustancialmente el margen de maniobra y la toma de decisiones de los actores nacionales. En este contexto, la interacción dialéctica entre las instituciones y la ciudadanía estimula la formación de una memoria colectiva generacional, permitiendo que el individuo reconozca y resignifique sus orígenes dentro de una experiencia globalizada. Por consiguiente, la globalización no debe interpretarse únicamente como un proceso de expansión financiera, sino como un escenario crítico donde se renegocia permanentemente la construcción social de la identidad en un mundo cada vez más polarizado (Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo [PNUD], 2024).

Desde una perspectiva historiográfica, si bien este proceso experimentó una aceleración exponencial tras la culminación de la Guerra Fría, impulsado por la hegemonía de las redes informáticas y las tecnologías de telecomunicación, sus raíces ontológicas se remontan a los periodos de conquista y colonización. En estos estadios tempranos, el uso estratégico del poder y la expansión transatlántica facilitaron los fenómenos de mestizofilia y nacionalismo que definieron la escritura de intelectuales fundamentales como Mariano Picón Salas (Allende Contador, 2025).

Esta profundidad histórica permite comprender la globalización actual no como una ruptura, sino como una fase avanzada de hibridación cultural, donde se entretejen artefactos tecnológicos de última generación con procesos sociales de alta complejidad (García Canclini, 1990). Bajo esta lógica, el movimiento globalizador se manifiesta como un tránsito hacia un nuevo orden mundial, caracterizado por la interrelación sincrónica entre la tecnología y el conocimiento científico (Murrieta Flores & Toledo García, 2025), desafiando a las naciones a preservar su soberanía simbólica frente a las presiones de la estandarización cultural (UNESCO, 2022).

 

 

De la multiculturalidad a la síntesis intercultural

 

 

El aumento de los flujos migratorios, particularmente en el contexto venezolano, ha generado transformaciones profundas en las configuraciones mentales y las identidades nacionales. En escenarios donde coexisten diversas culturas, la relación entre grupos dominantes y dominados puede derivar en actitudes de rechazo o discriminación (Picón Salas 1962). El racismo, en este sentido, actúa como un prejuicio pernicioso que obstaculiza la interacción universalista y manipula los valores humanos con fines violentos. Ante esta realidad, surge la necesidad de transitar desde el multiculturalismo hacia la interculturalidad como un proyecto político orientado a desarrollar una nueva síntesis cultural (Jiménez & Malgesini, 1997).

Mientras que el multiculturalismo valora la diversidad sociocultural partiendo de la premisa de que ningún grupo debe perder su identidad, la interculturalidad busca promover una convivencia organizada basada en el respeto y el aprendizaje mutuo. Este modelo de organización social afirma la posibilidad de convivir armoniosamente entre comunidades étnica, religiosa o lingüísticamente diferentes (Jiménez & Malgesini, 1997). En el marco de la globalización, avanzar hacia la interculturalidad resulta imperativo para mitigar las tendencias hegemónicas y garantizar una integración que no suponga la anulación de las culturas de origen.

 

 

Análisis de los paradigmas de acción cultural

 

 

La política cultural se constituye como el vehículo regulador que desarrolla planes colectivos de derechos y responsabilidades congruentes con la realidad social de cada nación. Según la UNESCO (2022), la educación y la cultura son esenciales para el desarrollo integral del individuo. Para analizar estas intervenciones, se proponen paradigmas de acción cultural que varían según los agentes sociales (García Canclini et al., 1987).

En el estado Carabobo, el mecenazgo liberal se evidencia en espacios como la Galería Espacio 5, donde la iniciativa privada asume la difusión artística. En contraste, el tradicionalismo patrimonialista se manifiesta en festividades como las de Nuestra Señora de Begoña en Naguanagua, donde las instituciones preservan núcleos de identidad no conflictivos. Por otro lado, la democratización cultural ha encontrado su exponente en el Museo de la Cultura de Carabobo, al ofrecer acceso gratuito a exposiciones de talla mundial como las de Pablo Picasso, buscando cerrar la brecha entre los bienes de élite y la población general.

 

 

Mariano Picón Salas: Arquitecto de la modernidad y la democracia participativa (1936-1948)

 

 

El análisis de la figura de Mariano Picón Salas (1901-1965) dentro de las políticas culturales venezolanas exige una hermenéutica profunda de su concepto de "modernidad". Para el autor, Venezuela arrastró estructuras decimonónicas y un aislamiento feudal hasta 1936, momento en que la muerte de Juan Vicente Gómez permitió el inicio de un proyecto nacional cosmopolita. Sin embargo, su visión de la modernidad no se limitaba a una mera importación de tecnología o infraestructura; representaba, fundamentalmente, una transformación del ethos nacional hacia un humanismo crítico y una conciencia histórica universal.

Desde la perspectiva de las industrias culturales contemporáneas, la labor de Picón Salas puede examinarse bajo el paradigma de la Democracia Participativa propuesto por García Canclini (1990). Este modelo busca generar un desarrollo plural de las culturas en relación con sus propias necesidades, promoviendo una participación que organice y autogestione las actividades políticas y simbólicas. Así como académico, diplomático y político, encarnó este modelo al fomentar una labor democratizadora de la cultura que trascendió las fronteras de Venezuela, posicionándolo como uno de los intelectuales más universales de Hispanoamérica (Simon, 2022).

 

 

Trayectoria vital y compromiso político

 

 

Nacido el 26 de enero de 1901, Picón Salas se formó en la Universidad de Santiago de Chile, donde llegó a ser rector de la Facultad de Bellas Artes y Filosofía. Esta experiencia en el Cono Sur fue determinante para su visión integradora de América Latina. Su actividad política e institucional comenzó formalmente en el exilio en 1931, con la fundación de la Agrupación Revolucionaria de Izquierda (ARDI) en Barranquilla, junto a figuras como Rómulo Betancourt. Aunque la ARDI no fue un partido político per se, funcionó como un núcleo ideológico fundamental para el desarrollo del Plan de Barranquilla, antecedente directo de la Organización Revolucionaria Venezolana (ORVE) y de la modernización política del país.

Al regresar a Venezuela en 1936, tras el fin de la dictadura gomecista, Picón Salas asumió roles críticos en la administración pública. Participó activamente en la fundación del Instituto Pedagógico Nacional (1936) y dirigió la Dirección de Cultura y Bellas Artes en el Ministerio de Educación entre 1938 y 1940. Tras el derrocamiento de Rómulo Gallegos en 1948, marchó nuevamente al exilio, aportando su vasta erudición en el Colegio de México y, posteriormente, como embajador en Brasil y México, así como delegado ante la UNESCO.

 

 

La obra como manifiesto de identidad

 

 

Su producción bibliográfica es un testimonio de la búsqueda de equilibrio entre el desarrollo humano y el técnico. En textos como Formación y proceso de la literatura venezolana (1940) y De la Conquista a la Independencia (1944), se analiza la cultura hispanoamericana desde una óptica de dependencia e independencia histórica. Especial relevancia tiene su obra Crisis, cambio y tradición (1955), donde aboga por conservar el respeto a la persona frente a la deshumanización técnica, un planteamiento que resuena con los desafíos de la globalización actual.

El tema central de sus ensayos es la universalidad de la cultura hispanoamericana. Su propósito fundamental fue la construcción de un tipo de ciudadano venezolano que desarrollara una concepción de cultura pluralista y congruente con las necesidades de la modernidad. Para alcanzar este estadio, Picón Salas argumentaba que era indispensable el desarrollo de tres tipos de conciencia:

1.   Conciencia Nacional: El reconocimiento de la propia realidad geográfica y social.

2.   Conciencia Cultural: La valoración de las manifestaciones simbólicas propias y ajenas.

3.   Conciencia Histórica: El entendimiento del pasado como herramienta para proyectar el destino común.

El paradigma de la democracia participativa y la soberanía simbólica

Bajo el enfoque del Humanismo Democrático, instituyó políticas culturales que hoy consideraríamos de vanguardia. La creación de la Revista Nacional de Cultura (1938) no fue un acto burocrático, sino la construcción de una arquitectura institucional diseñada para elevar el nivel educativo y fomentar la tolerancia a través del diálogo intelectual. Su gestión rechazó el "criollismo exacerbado", visto como un aislamiento provinciano, en favor de un americanismo crítico. Este americanismo era capaz de procesar influencias globales y flujos financieros internacionales sin perder la soberanía simbólica ni la identidad raíz.

Su concepción de cultura partía de la exploración histórica de cada pueblo. Para Picón Salas, la identidad venezolana era el resultado de una tensión dinámica entre raíces occidentales, indoamericanas y africanas. Esta conjunción del "ser" y el "estar" generaba una fuerza nacionalista que, lejos de cerrarse al mundo, se fortalecía en la relación con el "otro". De este modo, la construcción de la identidad nacional desembocaba en el principio del supranacionalismo cultural (Picón Salas, 1933). En este estado, la cultura diferenciadora se vuelve conciliadora, permitiendo que la nación participe en el concierto global desde una posición de dignidad y conocimiento propio.

Aportes a las políticas culturales: Un legado de pluralismo

El legado de Picón Salas a las políticas culturales venezolanas se resume en la promoción de la coexistencia de múltiples culturas dentro de una misma sociedad, bajo relaciones participativas e igualitarias. Su labor legislativa y administrativa buscó garantizar que cada individuo tuviera acceso no solo al consumo cultural, sino a la producción de sentido.

Desde la visión de Antzus Ramos, (2018), Picón Salas se ubica como el representante más preclaro del paradigma de Democracia Participativa en el siglo XX venezolano. Su vida y obra demuestran que la política cultural debe ser un vehículo para la emancipación y no solo un mecanismo de ornato estatal. Al integrar la ética de la polis con el rigor de las Bellas Artes, logró que instituciones como el Ministerio de Educación se convirtieran en motores de una modernidad humanista que aún hoy, en tiempos de polarización y cambios tecnológicos vertiginosos, ofrece lecciones de vigencia asombrosa.

En conclusión, Mariano Picón Salas no solo fue el "arquitecto de la modernidad" por su labor en la creación de instituciones, sino por su capacidad para diseñar un mapa mental donde el venezolano podía ser, al mismo tiempo, profundamente local y plenamente universal. Su propuesta sigue siendo el pilar indispensable para cualquier intento de fortalecer una sociedad civil democrática en el siglo XXI.

 

 

Quiebre institucional y hegemonía contemporánea

 

 

La evolución de la política cultural venezolana sufrió una ruptura significativa a partir de 1999. Si bien la Constitución de 1961 estableció una institucionalidad democrática (con hitos como el INCIBA y el CONAC), la radicalización del modelo político actual ha transformado la gestión cultural en un instrumento de adoctrinamiento.

Esta etapa se caracteriza por una contracción epistemológica y material en los centros educativos, lo que ha pauperizado la función docente y limitado la libertad de las comunidades. La política cultural contemporánea ha instaurado una hegemonía que suprime la disidencia y limita la pluralidad, alejándose del ideal piconiano. Ante este panorama, el estudio de la política cultural recupera su vigencia como una herramienta crítica para restituir la autonomía simbólica y el progreso social.

 

 

Síntesis prospectiva

 

 

El itinerario intelectual aquí propuesto transita desde la exégesis conceptual hacia una síntesis de hallazgos prospectivos que redefinen la gestión simbólica contemporánea. Se trasciende la exposición secuencial para alcanzar una integración dialéctica entre el rigor del análisis documental y el estudio crítico del legado piconiano. En este trayecto, se dilucidan las antinomias existentes entre el humanismo tradicional y las exigencias de la administración pública en la era de la transformación digital. Tal abordaje pretende robustecer el debate científico sobre la gobernanza y la cohesión identitaria en escenarios de marcada complejidad y polarización (Rondón Narváez, 2022). En última instancia, el discurso reafirma la premisa de que la cultura constituye el cimiento ontológico indispensable para el fortalecimiento de una sociedad civil plenamente democrática.

 

 

Consideraciones finales

 

 

La revisión de estos elementos permite concluir que la política cultural requiere una transición desde modelos de control ideológico hacia una gobernanza basada en la interculturalidad. El legado de Picón Salas demuestra que la modernidad es un proceso de maduración del espíritu que equilibra la tradición con las exigencias del presente. En un mundo marcado por la polarización, la rehabilitación de una conciencia histórica y cultural se vuelve indispensable para reconstruir el tejido social y garantizar que las instituciones actúen como baluartes de la libertad.

Asimismo, se reafirma que la soberanía simbólica solo puede preservarse si se fomenta la capacidad de procesar la información global sin renunciar a las raíces identitarias. La gestión debe abandonar el trato burocrático para dar paso a una estructura que promueva la diversidad como pilar del progreso. En última instancia, el fortalecimiento de la sociedad depende de la capacidad para generar una síntesis cultural dinámica, donde el respeto a la alteridad y la autonomía del pensamiento constituyan el fundamento de una democracia plenamente participativa.

 

Agradecimientos

A la Universidad de Carabobo. Facultad de Ciencias de la Salud.

 

Conflicto de intereses

No.

 

Referencias

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