https://doi.org/10.61286/e-rms.v4i.382   

Artículo Original

Aspiraciones artísticas y profesionales: Percepción de estudiantes de educación básica regular en Huancavelica, Perú

Artistic and professional aspirations: Perception of regular basic education students in Huancavelica, Peru

 

Braulio, Melchor-Acevedo1  Sobres de correo, sobres de correo, sobre png | PNGEgg; Ronald, Condori-Crisóstomo1 ; Jhonatan, Cardenas-Areche1 ; Raúl Jesús, Fernández-Jurado1 ; Erick, Ordaz-Ordoñez2

(1)  Universidad Nacional de Huancavelica, Huancayo, Perú.

(2)  Universidad Nacional del Centro del Perú, Lima, Perú.

Resumen

El sentir y pensar de 109 jóvenes de quinto año de secundaria en Huancavelica, buscando comprender cómo el arte moldea su visión del mundo y de sí mismos en cinco instituciones públicas de la región. A través de un enfoque cuantitativo descriptivo y un análisis de redes procesado en Google Colab, el estudio revela una realidad profunda: para el 89,91% de estos estudiantes, el arte es el motor que enciende su creatividad, mientras que el 91,74% lo abraza como el guardián de su identidad y sus tradiciones más queridas. Sin embargo, al asomarnos a sus sueños de futuro, emerge una contradicción conmovedora, pues, aunque el arte los hace sentir más plenos y conectados con sus raíces, solo el 16,51% se atreve a imaginarlo como un camino profesional. Esta desconexión sistémica nos muestra que, en nuestras aulas, el arte es valorado como un refugio emocional y un pilar del desarrollo humano, pero sigue siendo percibido como un destino lejano en el ámbito laboral. Los hallazgos nos invitan urgentemente a humanizar y transformar el currículo escolar, convirtiendo la enseñanza artística en un puente real donde el talento y la sensibilidad de los jóvenes peruanos no solo enriquezcan su alma, sino que también se conviertan en un proyecto de vida digno, competitivo y lleno de esperanza.

Palabras clave:  arte, educación, estudiantes, escuela, Huancavelica.

Abstract

The thoughts and feelings of 109 high school seniors in Huancavelica, seeking to understand how art shapes their worldview and self-perception across five public institutions in the region. Through a descriptive quantitative approach and a network analysis processed in Google Colab, the study reveals a profound reality: for 89,91% of these students, art is the engine that ignites their creativity, while 91,74% embrace it as the guardian of their identity and most cherished traditions. However, when looking into their dreams for the future, a poignant contradiction emerges; although art makes them feel more fulfilled and connected to their roots, only 16,51% dare to imagine it as a professional path. This systemic disconnection shows that, in our classrooms, art is valued as an emotional refuge and a pillar of human development, yet it continues to be perceived as a distant destination in the labor market. These findings issue an urgent call to humanize and transform the school curriculum, turning arts education into a real bridge where the talent and sensitivity of young Peruvians not only enrich their souls but also become a dignified, competitive life project full of hope.

Keywords: art, education, students, school, Huancavelica.

Recibido/Received

01-02-2026

Aprobado/Approved

18-04-2026

Publicado/Published

20-04-2026

 

 

Introducción

 

 

El arte se erige como una fuerza vibrante y omnipresente que vertebra la estructura misma de la civilización humana. Más allá de su valor estético, se consolida como una herramienta esencial para la comunicación y la manifestación de la psique colectiva (Salanova, 2011). En la actualidad, esta disciplina trasciende el objeto estético para convertirse en un lenguaje vivo de significados compartidos (González, 2020). Por tanto, su análisis es indispensable para descifrar las dinámicas sociales que configuran nuestra identidad contemporánea. Este fenómeno no solo narra nuestra historia, sino que moldea activamente el tejido de la realidad presente.

En el ecosistema educativo, la percepción estudiantil sobre el arte actúa como un motor determinante para el crecimiento integral. Esta perspectiva influye profundamente en los procesos cognitivos, el equilibrio emocional y la capacidad de interacción social del joven (Rodríguez Cristino, 2017). A través de la experiencia estética, se fomenta una identidad cultural sólida y una mirada crítica ante los desafíos del entorno. En consecuencia, la educación artística debe abandonar su rol de materia accesoria para posicionarse como un eje transversal. Solo mediante un aprendizaje significativo es posible integrar la sensibilidad estética con el desarrollo intelectual y ético.

La educación artística se postula hoy como un derecho irrenunciable dentro del currículo escolar de las naciones modernas. Esta disciplina ofrece a los educandos un refugio para explorar su potencial creativo con total autonomía (Escaño González, 2010). Al validar formas de expresión singulares, se protege la individualidad del estudiante frente a la rigidez de los modelos estandarizados. Por ello, el aula de arte se convierte en un espacio de resistencia y autenticidad pedagógica. Bajo esta premisa, investigar la percepción artística de los jóvenes peruanos resulta una tarea urgente y necesaria.

Es fundamental comprender cómo las nuevas generaciones se vinculan con las manifestaciones culturales en su cotidianidad escolar. Este lazo no solo afecta su bienestar emocional, sino que impacta directamente en su compromiso académico y rendimiento general. El presente estudio se propone desentrañar las creencias y actitudes que condicionan esta vivencia estética en la secundaria. Se busca dar voz a los estudiantes para entender el lugar que ocupa la belleza en su formación. De este modo, la investigación científica se pone al servicio de una educación más humana y trascendente.

Esta indagación proporciona un testimonio valioso sobre la subjetividad del alumnado peruano ante el fenómeno de la creación. Los hallazgos permitirán diseñar políticas públicas educativas que sean mucho más precisas, empáticas y eficaces. Asimismo, se pretende orientar programas de enseñanza que cultiven una valoración profunda del patrimonio artístico nacional. El propósito último es alcanzar una comprensión fidedigna de la realidad estética en nuestra sociedad multicultural. La educación artística no puede entenderse de forma aislada, pues está ligada a la realidad política y económica (Palacios, 2006).

La complejidad de este campo exige un compromiso serio con la investigación científica rigurosa y multidimensional. Además de representar una forma de pensamiento crítico, el arte constituye un elemento vital para la comunicación humana (Hermann, 2009). Esta capacidad de transmitir emociones complejas ha sido el motor de la evolución constante de nuestras sociedades. A través de medios como la música o la pintura, el individuo logra compartir sus narrativas personales. Así, el arte permite que el sentimiento privado se transforme en una experiencia colectiva y sanadora.

Como canal de comunicación, el arte posee la virtud de trascender las barreras del lenguaje convencional (Aburto Morales, 2009). En el Perú, esta cualidad adquiere una relevancia especial debido a nuestra inmensa diversidad y herencia ancestral. Las expresiones artísticas permiten que los valores de diversas comunidades étnicas viajen intactos hacia las nuevas generaciones. De esta manera, el estudiante no solo conoce su patrimonio, sino que aprende a valorar la herencia del prójimo. Este reconocimiento mutuo es la piedra angular para construir una convivencia nacional basada en el respeto.

El encuentro con el patrimonio a través de la escuela contribuye directamente a la promoción de la inclusión social. Valorar la pluralidad cultural desde el aula es el primer paso hacia una sociedad equitativa y democrática. Por esta razón, la investigación en educación artística se revela como un territorio fértil para el conocimiento académico. No obstante, Marín Viadel (2011) advierte que este espacio de estudio es heterogéneo y posee límites conceptuales difusos. Esta característica invita a un abordaje interdisciplinar que combine la estética con la sociología y la pedagogía.

En el contexto de América Latina, la investigación artística suele integrar la música, la danza y el teatro de forma sistémica. A diferencia de los enfoques europeos, nuestra región busca marcos teóricos que respondan con fidelidad a la realidad local. Por ello, es imperativo desarrollar una ciencia educativa que nazca desde nuestra propia identidad y necesidades culturales. Esta visión integradora permite que el arte sea visto como un todo que nutre la vida del estudiante. Bajo este paradigma, la teoría y la práctica se fusionan para generar un conocimiento transformador.

En este ámbito se han fusionan su labor académica con la creación estética activa y el compromiso docente. Esta dualidad permite que la teoría se nutra constantemente de la práctica real y de la crítica constructiva. Se exploran así territorios compartidos con la psicología y la sociología para enriquecer la comprensión educativa (Marín Viadel, 2011). Esta mirada interdisciplinar ofrece perspectivas complementarias que son vitales para entender al estudiante de forma holística. El arte, entonces, deja de ser un objeto de estudio para convertirse en una forma de vida.

El arte funciona también como un poderoso altavoz para abordar tensiones sociales y políticas que son urgentes. Los estudiantes utilizan la creación para manifestar su postura sobre la equidad de género y la justicia social. Temas como los derechos humanos y la sostenibilidad ambiental encuentran en la expresión artística un vehículo de concienciación. Este activismo creativo empodera al joven, convirtiéndolo en un agente de cambio real dentro de su comunidad. Así, la estética se une a la ética para promover una ciudadanía más activa y comprometida.

La atención que un país brinda a la educación estética refleja fielmente el nivel de desarrollo humano alcanzado. Blanco Pérez (2020) señala que este interés manifiesta el sistema de valores que sostiene a una civilización. No se trata simplemente de contar con recursos económicos, sino de poseer un ideal de bienestar y humanidad. Un mundo mejor debe ser, necesariamente, un espacio que honre la belleza, el ritmo y la proporción. La educación del gusto es, en última instancia, una educación para la felicidad y el equilibrio social.

Los sistemas educativos más avanzados del siglo XXI son aquellos que apuestan por la formación integral del ser. Esto implica proveer recursos para que el estudiante realice una apropiación crítica de su realidad circundante. Fomentar que el joven exprese sus cualidades personales de forma creativa es la meta suprema de la pedagogía. En este sentido, la belleza y la justicia se entrelazan como los objetivos más altos del acto de enseñar. El arte no enseña a pintar, enseña a ver el mundo con ojos de esperanza.

En el Perú, poseemos un patrimonio milenario que se extiende desde las eras preincas hasta la contemporaneidad. Comprender cómo nuestros jóvenes de educación básica valoran este legado es una misión de carácter nacional. La fusión entre las raíces ancestrales y las corrientes modernas genera una identidad compleja que el arte ayuda a descifrar. Por esta razón, investigar la percepción artística en el quinto grado de secundaria es un hito de vital importancia. Estos jóvenes están a un paso de liderar el futuro cultural de nuestro país.

El propósito central de esta indagación es visibilizar la voz de los estudiantes sobre la relevancia del arte. Se analiza cómo esta disciplina impacta en sus decisiones de vida y en sus perspectivas de desarrollo profesional. Al finalizar su etapa escolar, los jóvenes enfrentan un mundo donde la creatividad es la competencia más valorada. Por tanto, el arte se presenta como un pilar estratégico para el éxito y la resiliencia en la sociedad actual. La escuela debe garantizar que este talento no se pierda en la transición a la adultez.

Finalmente, se observa la brecha existente entre la teoría pedagógica y la realidad cotidiana del aula. Resulta indispensable evaluar si los programas vigentes satisfacen las necesidades expresivas y culturales de la juventud huancavelicana. Esta investigación busca cerrar ese vacío mediante un análisis técnico, riguroso y, sobre todo, profundamente humano de las aulas. Solo una educación que honre nuestra riqueza artística podrá impulsar la innovación que el país requiere. Este camino nos conduce hacia una pedagogía que redescubre el arte como herramienta de liberación.

 

 

Materiales y métodos

 

 

Esta investigación se realizó en cinco escuelas públicas de la ciudad de Huancavelica. Asimismo, tuvo un nivel no experimental de tipo descriptivo La población estuvo conformada por estudiantes de quinto año. La muestra de trabajo objetivo estuvo compuesta por 109 estudiantes. Para recolectar la información se utilizó un cuestionario de encuesta con siete ítems (Tabla 1) compuesto por preguntas cerradas (Sí/No), el cual fue validado mediante juicio de expertos. Finalmente, los datos fueron procesados mediante Google Colab. Asimismo, se propusieron las siguientes dimensiones de trabajo para elaborar el cuestionario, considerando la naturaleza de la investigación y pertinencia:

a)   Creatividad: La primera pregunta se centra en si estudiar arte puede fomentar la creatividad. Este tema explora cómo el arte puede inspirar nuevas ideas, enfoques y perspectivas (Sánchez Sánchez, 2010; Ros, 2004).

b)   Desarrollo personal y social: Las siguientes preguntas se refieren a cómo el arte puede influir en el desarrollo personal y social. Esto incluye cómo aprender sobre arte puede ayudar a las personas a ser mejores en sus entornos, expresar sus sentimientos, apreciar diferentes perspectivas y formas de pensar, así como promover la libertad y la apertura mental (Mundet et al., 2015; Sánchez Carlessi, 2018; Company et al., 2015)

c)   Papel histórico y cultural: Otra pregunta aborda el papel del arte en la historia, la preservación de tradiciones y la cultura. Aquí, se discute cómo el arte refleja y moldea la identidad cultural y cómo contribuye a la preservación y transmisión de las tradiciones a través del tiempo (Fernández y Segarra, 2023).

d)   Profesión u oficio: La última pregunta se centra en la posibilidad de dedicarse al arte como profesión u oficio. Esto sugiere una consideración sobre cómo el estudio del arte puede llevar a una carrera en este campo y cómo el arte puede ser una forma de vida para algunos individuos (Rocha, 2016).

e)    

Tabla 1. Cuestionario y codificación de preguntas

Ítem

Código

1

¿Crees que estudiar arte en la escuela puede fomentar tu creatividad?

P1

2

¿Crees que aprender sobre arte puede ayudarte a ser mejor persona en tu entorno?

P2

3

¿Estás de acuerdo en que el arte puede ser una forma eficaz de expresar tus sentimientos?

P3

4

¿Consideras que el arte tiene un papel importante en la historia y la preservación de las tradiciones y la cultura?

P4

5

¿Crees que el estudio del arte en tu escuela puede promover la apreciación de diferentes formas de pensar y la libertad?

P5

6

¿Crees que aprender arte puede ayudarte a mejorar tus habilidades sociales y de liderazgo?

P6

7

¿Te dedicarías al arte como profesión u oficio?

P7

Para la visualización y el análisis de los datos, se implementó un Análisis de Redes Psicométricas (Network Analysis) a través de scripts personalizados en Google Colab. Esta técnica permitió trascender la estadística descriptiva convencional, estableciendo una red de relaciones donde cada dimensión del cuestionario actúa como un nodo interconectado.

 

 

Resultados

 

 

Percepciones estudiantiles

 

 

Los hallazgos representados en la Figura 1, derivados de una muestra de 109 estudiantes (61,47% hombres y 38,53% mujeres), revelan una narrativa donde el arte es celebrado como esencia, pero postergado como destino profesional. En primera instancia, existe un consenso abrumador sobre su función transformadora: un 89,91% de los jóvenes afirma que la educación artística cataliza la creatividad, mientras que el 88,99% reconoce su capacidad para forjar mejores ciudadanos desde una dimensión ética y personal. Esta valoración no es superficial; se arraiga en la subjetividad del estudiante, con un 86,24% que valida al arte como un canal genuino para la liberación y gestión de sus emociones.

Figura 1. Percepciones de los estudiantes

 

En el ámbito colectivo, el arte se consolida como un guardián de la memoria. Un contundente 91,74% de los encuestados le otorga un papel protagónico en la preservación de tradiciones y el fortalecimiento de la cultura local. No obstante, al transitar hacia dimensiones de autonomía y participación activa, la intensidad de este respaldo muestra matices: aunque el 71,56% percibe al arte como un espacio de libertad de pensamiento y el 68,81% nota mejoras en sus habilidades de liderazgo y convivencia social, existe un sector cercano al 30,00% que aún manifiesta reservas sobre el impacto del currículo artístico en estas áreas críticas de empoderamiento.

El contraste más revelador aparece al confrontar el valor humanista con la realidad vocacional. A pesar de los beneficios citados, la proyección profesional se sitúa en la periferia de sus intereses: el 83,49% descarta al arte como su futuro oficio, frente a un reducido 16,51% que se visualiza en este campo. Estos datos sugieren una desconexión sistémica: el estudiante reconoce que el arte lo perfecciona como ser humano y lo conecta con su historia, pero no percibe un puente claro hacia la empleabilidad o la autorrealización económica.

En síntesis, los resultados trazan el perfil de un estudiante que aprecia el arte como un componente vital de su formación integral y humana, pero que carece de una visión del mismo como una carrera competitiva. Esta brecha pone de manifiesto la necesidad de repensar la educación artística no solo como una experiencia contemplativa o de rescate cultural, sino como un ecosistema de competencias capaces de trascender el aula y convertirse en un proyecto de vida sostenible.

 

 

Red de relaciones

 

 

La estructura de la red se determinó mediante la fuerza de asociación entre las respuestas, permitiendo identificar cómo la percepción de la creatividad (P1) y el papel histórico (P4) funcionan como puentes o nodos centrales que influyen en la disposición del estudiante hacia el arte como profesión (P7). Al mapear estas interacciones, se logró visualizar la densidad de las conexiones, revelando que el desarrollo personal y social no es un elemento aislado, sino el eje que cohesiona la valoración cultural con la libertad de pensamiento y las habilidades de liderazgo en el entorno escolar. Este enfoque relacional proporciona una comprensión sistémica de cómo la educación artística moldea de manera integral el perfil del egresado en Huancavelica.

Al comparar con el análisis descriptivo de la muestra, compuesta por 109 estudiantes (61,47% hombres y 38,53% mujeres), revela un respaldo mayoritario hacia las funciones intrínsecas del arte, pero una marcada fractura en su dimensión profesional. A través de la red de relaciones procesada en Google Colab, se identifica que la creatividad (89,91%) y el desarrollo personal (88,99%) operan como los nodos con mayor fuerza de asociación. Esta interdependencia sugiere que los estudiantes de Huancavelica no perciben la creatividad como una habilidad aislada, sino como un motor de desarrollo ético y humano, donde el arte actúa como catalizador de la sensibilidad en la formación integral.

Asimismo, la red muestra una conexión robusta entre la eficacia de la expresión emocional (86,24%) y la relevancia de la identidad cultural (91,74%). El hecho de que la gran mayoría reconozca al arte como un pilar fundamental para la preservación de tradiciones indica que la educación artística en la región cumple una función de cohesión social y rescate del patrimonio. Sin embargo, al contrastar estos datos con la libertad de pensamiento (71,56%) y el fortalecimiento de habilidades de liderazgo (68,81%), se observa una disminución en la intensidad de la red; esto revela que, aunque el arte se valora como "herencia", su potencial como herramienta de empoderamiento ciudadano y pensamiento crítico presenta todavía ciertas reservas dentro del ecosistema escolar.

El hallazgo más crítico de la red de relaciones se encuentra en la periferia: la proyección profesional (16,51%). Existe una desconexión sistémica donde el arte es ampliamente validado como un componente esencial del desarrollo humano, pero es desestimado como un proyecto de vida sostenible. Esta brecha entre la valoración estética y la intención laboral sugiere que la enseñanza artística en las escuelas públicas de Huancavelica se mantiene bajo un paradigma donde el estudiante aprecia el arte en su dimensión histórica y emocional, pero no logra visualizarlo bajo un modelo de competencias que le permita insertarse en una carrera profesional. En consecuencia, el arte se consolida como un pilar de la formación humana, pero permanece distante como una opción de oficio para la mayoría de los egresados.

 

 

Discusión

 

 

Se revela una dualidad fascinante en la percepción de los estudiantes de Huancavelica, donde el arte es situado como un valor humanista, pero desplazado en la planificación vocacional. Los hallazgos indican que el 89,91% de los jóvenes vincula el arte con la creatividad y el 88,99% con el desarrollo ético. Esta tendencia coincide con lo expuesto por Palacios (2006), quien argumenta que el valor del arte reside en su capacidad de perfeccionar el proceso educativo integral. No obstante, existe una fractura evidente cuando esta valoración se traslada al terreno de la praxis profesional. La sensibilidad estética parece florecer en el aula, pero se marchita ante las expectativas del mercado laboral.

El análisis de la red de relaciones demuestra que la creatividad y el desarrollo personal funcionan como nodos centrales de asociación. Esta interdependencia refuerza la idea de que el arte no es una técnica aislada, sino un motor de desarrollo humano (Sánchez Carlessi, 2018). Para el estudiante peruano, la capacidad creadora está intrínsecamente ligada a su crecimiento como persona y ciudadano. Esta visión rompe con modelos pedagógicos rígidos que separan lo cognitivo de lo sensible. En este sentido, la formación artística en Huancavelica cumple una función de humanización profunda del currículo escolar básico.

Asimismo, la robusta conexión entre la expresión emocional (86,24%) y la identidad cultural (91,74%) refleja el rol del arte como lenguaje universal. Según Aburto Morales (2009), el arte actúa como un canal de comunicación que trasciende el objeto estético para insertarse en lo social. Los estudiantes utilizan las manifestaciones artísticas para gestionar su mundo interno y conectarse con su herencia ancestral. Esta función es vital en contextos de alta diversidad cultural, donde la memoria colectiva requiere de soportes simbólicos. El arte se convierte así en un guardián de la tradición frente a la globalización homogeneizante.

A pesar de este respaldo, la red muestra debilidades en los nodos de autonomía y liderazgo político-social. Aunque el 71,56% percibe libertad de pensamiento, existe un 30,00% que aún manifiesta reservas sobre el potencial empoderador del arte. Esta brecha dialoga con los planteamientos de Blanco Pérez (2020), quien señala que la educación estética debe aspirar a la formación crítica del individuo. Si el arte solo se percibe como "rescate cultural" y no como herramienta de cambio social, su impacto pedagógico queda incompleto. Es necesario transitar de una apreciación contemplativa a una mediación artística comprometida con la realidad (Peña Sánchez, 2025).

El hallazgo más preocupante es la ubicación periférica de la proyección profesional, con apenas un 16,51% de interés vocacional. Esta desconexión sistémica refleja un paradigma educativo que despoja al arte de su dimensión como oficio o carrera competitiva. Rocha (2016) advierte que los modelos basados en competencias suelen fallar al integrar las artes en la estructura productiva. El estudiante valora el arte para "ser", pero no para "hacer" o "vivir" de él. Esta percepción perpetúa la imagen del artista como un diletante ajeno a la sostenibilidad económica y profesional.

Al contrastar estos resultados con la literatura contemporánea, se observa que el problema no es exclusivo de la región. Paitan Leonardo (2025) discute cómo la distinción entre diletantes y profesionales ha marcado históricamente la crítica de arte en el Perú. Esta herencia colonial y republicana parece persistir en las aulas de secundaria de Huancavelica. El arte es aceptado como un adorno del espíritu, pero se le niega estatus como disciplina académica de alto rigor. Por ello, es imperativo rediseñar el currículo para que incluya la profesionalización y la gestión cultural.

La importancia de las artes en la nación debe reflejarse en la seguridad que el estudiante siente hacia estas carreras. Rodrigo del Blanco (2024) menciona que las nuevas leyes de enseñanzas artísticas buscan precisamente un cambio de estatus profesional. Sin embargo, este cambio legal no ha permeado la subjetividad de los estudiantes de educación básica regular. Existe un vacío de mediación entre las enseñanzas artísticas superiores y el nivel secundario. Los jóvenes no ven el puente que conecta su talento escolar con las plantillas profesionales del mundo real (Monteagudo Mañas et al., 2022).

La formación de docentes también juega un papel crítico en esta percepción fragmentada de la carrera artística. Chavez-Somoza y Vílchez-Salés (2024) destacan que las condiciones del teletrabajo y la enseñanza remota han afectado las percepciones de los docentes. Si el profesor de arte enfrenta precariedad o falta de recursos, difícilmente proyectará el arte como una opción de vida exitosa. La percepción del estudiante es un espejo de la valoración que el Estado y la institución educativa otorgan al especialista. Por lo tanto, fortalecer la formación docente es fundamental para mejorar la imagen de la profesión artística.

Por otro lado, la mediación artística en contextos inclusivos requiere de profesionales con necesidades formativas específicas (Pérez Romero et al., 2023). El hecho de que el 68,81% de los estudiantes perciba mejoras en habilidades sociales indica un potencial no aprovechado. El arte puede ser una herramienta de sostenibilidad y transformación social si se enseña bajo una pedagogía transformadora (Herrera Ruiz de Eguino, 2025). En Huancavelica, los laboratorios de prácticas artísticas comunitarias podrían ser el nexo entre la escuela y el interaprendizaje intercultural. Esto permitiría que el arte se perciba como una labor necesaria para la salud del tejido social.

La investigación de Fernández y Segarra (2023) sugiere que el patrimonio cultural debe servir de inspiración para la experimentación plástica contemporánea. Los estudiantes encuestados ya reconocen este valor patrimonial, lo que representa una base sólida para la innovación. No obstante, falta el componente de "experimentación" que lleve al joven a crear nuevas formas de cultura. La educación artística no debe limitarse a la reproducción de tradiciones, sino fomentar la creación de nuevos imaginarios. Este es el camino hacia una educación artística 4.0 que integre lo digital y lo tradicional (Escaño González, 2010).

El crecimiento personal a través del arte es un hecho validado por la muestra y por autores como Company et al. (2015). La caligrafía, la pintura y otras artes milenarias contribuyen al desarrollo del bienestar emocional. Sin embargo, para que este crecimiento sea sostenible, debe vincularse con la realidad del siglo XXI. González (2020) discute los dilemas de la apropiación cultural en el diseño y el arte actual. Si el estudiante no entiende estos debates, su arte quedará confinado al ámbito de la manualidad escolar. La discusión académica debe entrar al aula para elevar el nivel del discurso artístico juvenil.

Es necesario considerar que la investigación en educación artística posee límites difusos y heterogéneos (Marín Viadel, 2011). En América Latina, esta disciplina debe abrazar la música, la danza y el teatro como un conjunto unificado. La red de relaciones analizada muestra que los estudiantes ya perciben esta integración de forma intuitiva. El liderazgo, la creatividad y la expresión emocional fluyen entre diferentes formas de arte sin fronteras rígidas. El sistema escolar debe imitar esta fluidez orgánica para ser más eficaz y atractivo para el alumnado.

En conclusión, la brecha entre la valoración ética del arte y su desprecio profesional es el desafío más urgente. Los resultados demuestran que poseemos una base actitudinal positiva sobre la cual construir una nueva pedagogía. Se requiere un ecosistema de competencias que trascienda la mera contemplación estética y apunte a la sostenibilidad (Herrera Ruiz de Eguino, 2025). El arte debe dejar de ser la periferia del currículo para convertirse en su centro dinamizador. Solo así los egresados de Huancavelica podrán concebir el arte como un proyecto de vida digno y transformador.

Finalmente, la educación estética de los ciudadanos es la expresión concreta del desarrollo de una nación (Blanco Pérez, 2020). Un mundo mejor exige ser más bello, más justo y profundamente más humano. La formación integral del ser debe incluir la capacidad de apropiación crítica de la realidad desde la creatividad. Escuchar la voz de los 109 estudiantes de este estudio es el primer paso para corregir la desconexión sistémica detectada. El arte en el Perú debe ser, al mismo tiempo, memoria viva y futuro profesional prometedor para la juventud.

 

 

Consideraciones finales

 

 

El arte constituye un eje catalizador e indispensable para el desarrollo humano integral. Los hallazgos confirman que la educación artística no es un complemento, sino una fuerza sustantiva que potencia la creatividad, la gestión emocional y la construcción de la libertad de pensamiento en el estudiante. Su presencia en el currículo escolar es una garantía para la preservación de la identidad cultural y el enriquecimiento de la subjetividad colectiva.

Existe una brecha crítica entre la valoración estética del arte y su reconocimiento como proyecto de vida sostenible. A pesar de la percepción positiva sobre sus beneficios personales, persiste una desconexión sistémica que margina a las artes de la planificación vocacional. Es imperativo transformar esta realidad mediante estrategias que visibilicen el valor del arte como una opción de carrera profesional competitiva, viable y necesaria en la economía del conocimiento.

La percepción del impacto artístico en el liderazgo y las habilidades sociales exige un enfoque pedagógico personalizado. Las discrepancias halladas en estas dimensiones demuestran que el arte no influye de manera uniforme en todos los estudiantes. Por lo tanto, los programas educativos deben evolucionar hacia modelos adaptativos que reconozcan las necesidades individuales y las diversas perspectivas de los educandos, asegurando que el empoderamiento social sea un resultado alcanzable para todos.

 

Agradecimientos

A nuestras universidades.

 

Conflicto de intereses

Ninguno.

 

Referencias

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